martes, 3 de agosto de 2010

Una niña de diez años salva a su abuelo.

Fuente y fotografía: La opinión de Murcia.
Una heroína a los diez años. Ángela Madrid García se ha convertido en el ángel de la guarda de su abuelo, Fernando García Valle, de 74 años, al que salvó de morir ahogado mientras ambos se bañaban en el Faro de Navidad de Cartagena. Nieta y abuelo disfrutaban la tarde del pasado domingo de una tarde de pesca, de baño y de merienda con el resto de la familia como muchos otros días, cuando a Fernando le entraron ganas de darse un baño. «Vente a darte un chapuzón conmigo», le dijo a la pequeña. Ángela se mostró reacia porque en ese momento no le apetecía, pero cedió a las intenciones de su abuelo animada por la familia para que el yayo no se bañara sólo. Y esa decisión acabó convirtiéndola en toda una heroína.

Los dos se adentraron en el mar y se alejaron a unos diez metros de la costa. De repente, el hombre se capuzó y al tratar de despejarse el agua de la cara con una sacudida de la cabeza perdió el control y empezó a patalear en el agua y a hundirse incapaz de nadar. «Abuelo, ¿qué te pasa?», le preguntó la niña alarmada, pero no obtuvo respuesta. La pequeña observó que su abuelo apenas conseguía sacar la cabeza del agua y que respirada con mucha dificultad.

Y no se lo pensó dos veces. Lo agarró y trató de arrastrarlo hasta la orilla, pero la maniobra no funcionaba, ya que se hundía con él. Lejos de amilanarse, se armó de valor y sangre fría y decidió empujar a su abuelo hacia los bloques que conforman la orilla del Faro de Navidad y ese movimiento sí que tuvo el efecto esperado, ya que el cuerpo del hombre se aproximaba hacia los bloques. «Yo le empujaba y luego nadaba hasta acercarme otra vez a él y le volvía a empujar y así hasta que conseguí llevarle hasta los bloques. Cuando llegamos a la costa, salí y le dí la mano y mis tías me ayudaron a sacarlo del todo», relataba ayer la pequeña orgullosa de haber salvado a su abuelo.

La maniobra de Ángela fue tan rápida y eficaz que ni siquiera cuando el resto de la familia se percató de los apuros que estaban pasando abuelo y nieta en el agua, tuvieron tiempo de lanzarse al mar para ayudar, aunque una vez la niña sacó a su yayo del agua, sí contaron con la ayuda de un socorrista que no estaba de servicio que les indicó que debían ponerlo de lado y en posición fetal para que expulsara el agua. De hecho, el hombre comenzó a echar agua y espuma por la boca y sólo entonces, tras el susto que se había llevado al ver a su abuelo cómo estaba a punto de ahogarse, fue cuando Ángela se vino abajo y rompió a llorar. «Estaba muy mal. Tenía las piernas, la boca, la cara y los pies de color lila y me asusté», comentaba ayer esta heroína sentada en la cama del hospital de Santa María del Rosell donde se encuentra ingresado su abuelo.

Y es que pese al rápido rescate protagonizado por Ángela, el estado del hombre era bastante grave y tuvo que ser traslado al hospital en una ambulancia con agua en los pulmones. Ingresó en Urgencias donde estuvo en observación hasta que a la medianoche del lunes pasó a planta. «Los médicos me han dicho que aún me queda un poco de agua en los pulmones y que debo estar en el hospital para evitar que coja una infección, pero en pocos días me darán el alta», contaba Fernando, que no soltaba a su nieta.

La familia asegura que volverán a pescar y a bañarse en el Faro de Navidad, «pero a mi padre se le han acabado los chapuzones en lo que resta de verano», señala Loli, la madre de la supernieta que salvó a su abuelo.

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